El régimen iraní exhibe músculo para confrontar a los ‘sediciosos’

El régimen iraní exhibe músculo para confrontar a los ‘sediciosos’

Asia Irán restringe internet para intentar frenar las protestas del velo Irán El desafío de quitarse el velo

El viernes es día de congregación en los templos musulmanes. En Irán es costumbre que, en las mezquitas principales de cada ciudad, imanes colocados directamente por la oficina del Líder Supremo lancen diatribas en defensa de la República Islámica. Tras una semana de sangrientas protestas por la muerte de Mahsa Amini, elevada a símbolo del descontento de una parte notable de los iraníes, era de esperar que la otra parte convocara a sus fieles para proyectar una imagen de supremacía.

Cientos de hombres y mujeres -la mayoría de ellas cubiertas con el chador negro-, han marchado por el centro de Teherán y de otras ciudades de referencia lanzando proclamas primeramente contra EEUU, a la que acusaron de instigar las acciones de los «alborotadores». Así han llamado a los manifestantes, señalando a la porción de ellos que ha participado en actos violentos como la quema de vehículos, sedes oficiales y ataques contra agentes, algunos de ellos letales. Este jueves a media tarde, la Policía ha mostrado imágenes del presunto material incautado a algunos manifestantes, entre los que había machetes y armas de fuego.

«¡Quienes ofendieron el Corán deben ser ejecutados!», ha demandado la multitud, según se ha apreciado en uno de los vídeos de la marcha, ampliamente cubierta por los medios oficialistas iraníes y que ha pasado por algunos de los escenarios de las manifestaciones de estos días. Otros mensajes que se han escuchado fueron «muerte a EEUU», «muerte a Israel», habituales en este tipo de actos, y acusaciones a los manifestantes de ser «soldados de Israel».

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Estas marchas se han nutrido, sobre todo, de personas piadosas, partidarios del Gobierno de línea dura, funcionarios e individuos vinculados a los amplios movimientos activistas de base al servicio del sistema. Tal es el caso de los Basiyíes, la organización juvenil paramilitar que estos días participa de la represión de las protestas y a la cual los manifestantes achacan los actos más violentos.

La televisión estatal IRIB ha elevado la cifra de muertos a 35, «incluidos policías», en sus informativos a última hora del viernes. Según diversas fuentes, la gran mayoría de las víctimas mortales son jóvenes que se habían unido a las protestas. Entre las víctimas más recientes está Hananeh Kia, una chica de 23 años de Nowshahr, en el norte de Irán que, según su padre, ha sido abatida mientras regresaba a casa del dentista. No hay confirmación oficial.

La exhibición de músculo oficialista del viernes es el resultado, a ojos de la mayoría de observadores locales, de una política de polarización practicada por el Gobierno durante los últimos años a fin de blindar su posición. A través de su propaganda y sus políticas, ha tratado abrir una brecha entre las clases humildes y piadosas, tradicional soporte de la República Islámica, y reformistas, liberales y personas de tendencia laica, habitualmente de clase media y alta. Sin embargo, señalan estos mismos, la muerte tras ser arrestada por un ‘mal velo’ de Mahsa Amini, una chica kurda, de familia conservadora y apolítica, ha sacudido el tablero.

«Esta es una revuelta encendida por la generación de Mahsa Amini, que ha vivido la mayor parte de sus vidas en un Estado fuertemente securizado, con una economía devastada, siendo un paria global, y culpan de ello netamente a la República Islámica«, ha señalado en un trino el historiador Roham Alvandi. A pesar de ello, en respuesta al reto de las calles, el aparato de seguridad ha desempolvado el mismo manual de acción que ha seguido frente a protestas anteriores.

Junto con el imponente despliegue de agentes, el Ministerio de Inteligencia ha emitido el jueves un comunicado en el advertía a los manifestantes, a los que tildó de «sediciosos», que su «sueño de derrotar a los valores religiosos y los grandes logros de la revolución nunca será realizado», de acuerdo con la web Asriran. Ha sido una continuación de la prohibición explícita, emitida por el Gobierno, de participar en «reuniones ilegales». Sus participantes, ha advertido, «serán enjuiciados».

Estas amenazas son, para muchos iraníes, el preludio de una fase más virulenta de respuesta a las manifestaciones. Este viernes estaba previsto el regreso al país del presidente, Ibrahim Raisi, tras participar en la asamblea general de la ONU. Muchos creen que, una vez en la capital, el dirigente ordenará responder con más dureza. Horas antes de aterrizar, las Fuerzas Armadas han emitido un comunicado poniéndose del lazo de las fuerzas del orden que ya actúan en las calles.

«Las acciones desesperadas son parte de una estrategia diabólica del enemigo para debilitar al régimen islámico», han subrayado. En consecuencia, han abogado por «confrontar los diversos complots de los enemigos para garantizar la seguridad y la paz del pueblo, injustamente asaltado». Este firme posicionamiento es significativo porque, entre los círculos opositores, se evoca el momento que condenó definitivamente al Sha en 1979: la declaración de lealtad a Jomeiní de la Fuerza Aérea Imperial. El comunicado del viernes agua toda expectativa de una confrontación interna entre facciones armadas.

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